
domingo, 23 de octubre de 2011
LA BSO DE CRUZ DEL SUR

domingo, 16 de octubre de 2011
PRIMERA PAGINA DE LA NOVELA CRUZ DEL SUR
Cuando era niño, papá me enseñó a mirar el cielo, de noche, para orientarme con las cuatro estrellas de la Cruz del Sur.
Mi papá, Walter, me señalaba el cielo y, señalando la Cruz, me decía:
—¿La ves...? Allá nomás.
—Ta —le contestaba, lacónico.
Imaginaba caer la oscuridad sobre el montevideano Puertito del Buceo, y más allá del mar, y cómo los marineros, igual que tiempo muy atrás hiciera Magallanes, contemplaban las estrellas, las mismas que me vieron crecer, para indicarme qué dirección tomar.
En aquel tiempo aún pensaba que la gloria, la felicidad o el éxito, jamás estuvieron en el Uruguay.
Pensaba que había que irse lejos para conquistarlas. Pensaba que en mi paisito era imposible prosperar, por más que lo quisiera. Parecía que Montevideo fuera a darme la razón. Y hasta parecía que creyera que yo era mucho más importante para Uruguay de lo que Uruguay en realidad lo era para mí. Miraba la Cruz del Sur y sentía que no me merecían, que estaban
desperdiciando el enorme talento que iban a valorar, sin duda, en otras latitudes. Aún no había descubierto que uno podía salir del Uruguay, pero que el Uruguay nunca podía salir de dentro de nosotros.
Parecía que Montevideo no durmiera, o que yo no quisiera dormir, pues hacía varias semanas que estaba engañando a mi mujer, haciendo el pelotudo, intentando fingir que iba a trabajar a un trabajo que ya no tenía, del que me habían echado por los recortes en el laboratorio FERMI.
sábado, 8 de octubre de 2011
¿VOS CUANTO ME QUERÉS?
